En el antiguo camino se pierden,
entre un mar de verduras ignotas,
rodeadas de charcas salinas
que reflejan las nubes grisosas,
las faldas arremangadas,
rastreando pacientes la orilla,
laborean las mariscadoras.
Con el angazo remueven la arena
al aire frío de la amanecida,
firmes de pie y agachadas,
esperan una cosecha prolija:
almejas, navajas, chipirones,
vieiras, berberechos, coquinas,
erizos, cangrejos, camarones…
llenan la cesta en la recogida.
Regresan al puerto cansadas,
pregonan a voces su mercancía,
los frutos del mar de las canastas,
manjares de la buena cocina…
Jierro
