Cuando el odio o el amor
tienen expresivos lenguajes,
melancólicos y quejumbrosos,
salen desde muy dentro
en un instante salvaje.
El fado, canto portugués,
nació a golpe de remo,
el rumor eterno del mar,
en un camino desierto,
traen en las olas saudades
que hermanan con el flamenco.
En sus notas se repiten
por las tabernas del puerto,
hondo dolor del alma,
vibrante, profundo, pleno…
Levanta ocultas pasiones,
del ayer, el hoy, silencios
de profundos desengaños
y amores que pudieron serlo…
Jierro
