Se ha despertado el alba,
la brisa de la marisma
en la arena de Doñana,
el ruiseñor en el coto,
acompaña a la dulzaina.
La amanecida oye
el pito y el tamboril,
cantan los peregrinos
en la aldea rociera,
que vienen haciendo el camino:
«ALMONTEÑO ENSÉÑAME
A QUERERLA COMO TÚ,
QUE ESO A MÍ ME ROBA EL SUEÑO
Y EN VERDAD YO QUIERO SER,
YO QUIERO SER ALMONTEÑO».
A la puerta de la ermita,
procesionan SIMPECADOS,
las hermandades de fuera,
hasta que no llega el de ALMONTE,
LA VIRGEN en el prebisterio espera.
La levantan y llevan a hombros,
tras «EL SALTO DE LA REJA»,
el pueblo canta LA SALVE,
para que al mundo proteja…
¡VIVA LA BLANCA PALOMA! ¡VIVA!…
Jierro
