La demanda de agua

La demanda de agua

Hubo un tiempo en que el agua de ríos, mares y fuentes parecía un bien inagotable, libre y cristalino. Actualmente ya no es así. Los océanos cubren el 70 por ciento de la superficie de la Tierra; de ahí lo del «PLANETA AZUL».

De toda el agua de la Tierra, tan sólo el 2,6 por ciento es agua dulce. Si cae en forma de lluvia se hundirá en el suelo y las rocas permeables hasta que alcance una capa de rocas impermeables. Entonces empieza a depositarse como agua subterránea.

La fuerza de la gravedad puede causar que el agua subterránea se infiltre más en el interior de la Tierra y casualmente regrese de nuevo al océano. En esta ruta puede encontrar tierra lo suficientemente fina que le permita emerger a la superficie y formar estanques, lagos, y dar nacimiento a manantiales y ríos.

Desde luego parte del agua se evapora directamente y puede regresar al océano mediante precipitaciones o puede precipitarse sobre tierra, repitiendo nuevamente el ciclo.

Aunque esta cantidad puede parecer muy grande, las reservas de agua dulce son limitadas. De hecho, algunas regiones del planeta experimentan un déficit agudo que se agrava con el aumento de población, el desarrollo de la industria y la agricultura.

La utilización desordenada y sin miramientos del agua conduce a su agotamiento y a su deterioro cualitativo. Por otra parte, el caudal de agua está muy desigualmente repartido. La falta de agua es hoy una de las claves de la pobreza. Casi la mitad del agua que se utiliza en la actualidad es empleada en la producción de alimentos.

La demanda de agua, como tantos otros recursos, crece y crece no sólo por el aumento de población, sino merced «al desarrollismo» que impera en la actual sociedad industrial consumista. Centrales térmicas y nucleares requieren ingentes cantidades de agua para su refrigeración.

Pero el problema del agua no es sólo su creciente demanda, sino que, además, una vez usada es devuelta sucia y contaminada a los ríos y al mar. A medida que las grandes concentraciones urbano-industriales requieren mayores cantidades de agua, a menudo sólo se piensa en traerla de donde haga falta, y se suele dejar al margen importantes consideraciones ecológicas y sociales.

El agua es un bien de valor creciente, pero no hay que olvidar que los recursos energéticos no renovables también lo son. La escasez de agua no es una posibilidad futura, sino un innegable hecho presente…

Jierro


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