Bajo el frondoso algarrobo,
se perdía el sol entre las hojas,
la primaveral y suave brisa,
con olores a heliotropos y celindas,
hacían a la tarde hermosa.
Con las coletas recogidas,
la niña aparta los mechones
de su pícara carita,
y al abuelo le propone,
sintiéndose protegida,
que la lleve junto al poni,
donde come hierbecillas.
Coge el bastón de la mano
y con el cayado en alto,
al caballito se arrima.
¡Ea! le dice a la cara,
por tu hambre de glotón,
te dolerá la barriga,
de comer las margaritas,
que antes lucían color:
naranjas, violetas, amarillas…
Jierro
