Se ha roto el silencio
que estaba suspendido de la nada,
un mar de niebla gris,
cubre al mar de agua mansa,
se alzan nubes en medio,
y revientan tormentas atornasoladas.
Como peñascos rodando,
en el espacio del cielo que calla,
se abren mil heridas a destajo,
con luces en zigzag que viajan,
y oímos anhelantes los truenos,
señal de que el peligro pasa.
En un paisaje de ensueño
visto a través de la ventana:
irrepetible, veloz, bello…
Adornado de centelleantes guirnaldas,
los ojos se quedan abiertos
ante lo que la Naturaleza guarda…
¡Qué breve y qué hondo secreto!
Jierro
