Vinieron menos, hogaño,
miro los nidos vacíos
que otras primaveras llenaron,
vuelven menos golondrinas,
al lugar donde han nacido.
Hay venenos en el aire,
mueren pájaros en los pinos,
se oyen quejas en los cantos
de los últimos peregrinos.
La fresca brisa huye
quizás con el agua del río,
dejan atrás a los hombres,
que con mochilas colgadas,
fumigan con desatino.
No se ven mariposas
ni zumban abejas al oído,
tan solo el moscardón negro,
marca un nuevo destino.
Parece que llaman ellos:
animales, plantas, ríos,
nubes, lluvias, vientos…
A un mañana sin venenos,
a una vida con sentido…
Jierro
