Adornada de estrellas, la tarde se escapa,
en el jardín quieto con brisa templada,
cubierto de verde y olor de albahacas.
El inquieto poni con sonoros relinchos
mira fijamente como teje el nido,
una golondrina dentro de la cuadra,
que entre viga y viga ha encontrado sitio.
Llegaron las niñas de fin de semana,
tras ellas jugando los perros les ladran
y buscan tesoros que han escondido…
Luego, echan carreras, suben a las ramas
del viejo algarrobo con tronco torcido,
entran y salen a la tienda de campaña,
donde leen cuentos de monstruos y hadas,
de piratas que llegan en viejos navíos,
con enormes baúles llenos de esmeraldas…
Huele en la cocina a pan calentito,
a guiso con tomillo, a leña quemada,
y el aire trae, luego, música lejana…
Jierro
