La primera gran época de prosperidad en Europa aconteció en el siglo XIII. El despegue de las ciudades y la aparición de los gremios favorecieron el desarrollo de distintos oficios, que se regían por una serie de reglamentos corporativos. Arquitectos, escultores, carpinteros, vidrieros y herreros trabajaron juntos en la construcción de grandes catedrales.
En la Catedral de Burgos varias generaciones de artistas dejaron constancia de su esfuerzo y su talento. Las palabras de tantos escritores y viajeros ilustres que se admiraron ante el templo burgalés nos guían por sus agujas, capillas y filigranas de piedras.
La despedida de don Rodrigo Díaz de Vivar de la ciudad de Burgos que lo desterraba fue precisamente en la iglesia románica de Santa María, erigida bajo Alfonso VI (1080-1095). En 1221, Fernando III el Santo y el obispo don Mauricio colocaron la primera piedra de la catedral.
En 1840 en su «Viaje por España», Théophile Gautier la describe:
«Dos agujas puntiagudas, talladas en forma de sierra, caladas con festones y bordados, cinceladas hasta en los más mínimos detalles como si fuera el engaste de una sortija, se elevan hacia Dios…»
A medida que nos aproximamos, nos sorprenderán las cuatro portadas de la catedral. Entre los elementos de la catedral que destacan de una manera especial están las agujas de la fachada principal, el cimborrio, la capilla de los Condestables de Castilla, la Escalera dorada, las puertas del Sacramental y la Coronería y el reloj del famoso «Papamoscas»…
El Papamoscas es una de las mayores atracciones turísticas de la Catedral de Burgos. Es una figura que abre y cierra la boca cuando el reloj marca las horas. Es uno de los personajes más queridos de la ciudad de Burgos. Su origen es incierto y está rodeado de un halo de misterio. Se trata de una figura humana de medio cuerpo que surge de la esfera de un reloj. Su rostro, perilla incluida, es bastante grotesco:
«Presenta un peculiar tocado y rasgos algo endemoniados»
Toma el nombre de Papamoscas porque mantiene la boca abierta esperando que las moscas entren en ella.
El mejor momento para contemplar al Papamoscas en acción es a las doce del mediodía, cuando toca doce veces la campana y abre otras tantas veces la boca. Si miramos a nuestro alrededor serán muchas las caras de Papamoscas que con la boca abierta, contemplan asombrados a nuestro protagonista…
Jierro
