El Guadalhorce cruza el valle
hasta morir en la mar,
cañas, carrizos, juncos,
en las márgenes han nacido,
mastrantos, mastuerzos, marrubios,
florecen al sol de estío,
mediados el mes de junio.
El viento pasajero esparce,
hojas de álamos bravíos,
de paso como emigrantes,
aves zancudas han venido,
y con peces, ranas, nutrias…
juegan en el agua del río.
Melisas, lavándulas, tarajes,
en recodos de sombras huelen,
antiguos olores, a intervalos,
que en los genes de la sangre,
guardan memoria, grabados.
Es un paseo fluvial diferente,
a trechos, embriagada de perfumes,
contempló a las cabras del puente
que bajo sus arcadas rumian,
zarzamoras con espinos, lentamente…
Jierro
