Bajo un viejo puente romano,
en Santa Comba, Galicia,
el río Jallas, va pasando,
protege a la bella Otilia…
La vio lavar en sus orillas,
moler en el molino el grano,
sembrar grelos y coger nabizas.
Lleva leña hasta el lar,
cierne la harina molida,
amasa en la artesa el pan…
Luego, en la pequeña huerta
que berzas y remolachas dan,
la luz del día espera, serena,
con sombras de desengaños,
llega a la fuente fría, cristalina,
que le ofrece inmensa dicha,
el murmullo del agua cantarina,
y encuentra en el río viajero,
su refugio secreto, su compañía…
Jierro
