El campo se abre amarillo,
crujen las ramas de las viñas,
achicharradas al sol encendido,
las viejas cepas renegridas,
enredan racimos detenidos,
de ámbar puro, de oro líquido.
El sol en su cénit vertical
en el cielo anegado de azul,
cae sobre el blancor de la cal,
y al aire sobre un velo de tul.
El calor, ya fuera, ya dentro,
hace al mirlo dar carreras,
silba unido al concierto,
donde discuten alborotados,
todos los pájaros del huerto.
El estío el arroyo ha secado,
ligeros brotes de semillas,
cobijan animalitos e insectos
que viven en las húmedas orillas.
Y el campo todo abierto,
duerme en la intensa calima…
Jierro
