La palabra café significa estimulante en árabe. Esta ancestral infusión ha formado parte del ser humano durante siglos, su origen es tan antiguo que no existen documentos escritos de cuando se empezó a tomar.
Se cuenta que en ETIOPÍA (África), los miembros tribales que cuidaban cabras, entre ellos un pastor, KALDI, observó como las cabras presentaban un comportamiento más energético de lo normal, tras comer cierto tipo de bayas. Algunos de ellos decidieron probarla y comprobaron esos beneficios, siendo las primeras personas en consumir café en toda la historia de la humanidad.
Sea cierta o no esta leyenda, de lo que no cabe duda es que en el siglo XV había plantaciones en Yemen y un gran comercio de café entre Sudán y Arabia a través del puerto de Moca.
Moca era el principal puerto de ruta hacia la Meca. Allí es donde aparecieron los primeros establecimientos que servían café, los llamados «kaveh kanes«. Así que los árabes fueron durante 200 años los que tuvieron la exclusividad del cultivo y comercio del café, ya que tenían especial cuidado en no propagar granos fértiles de café. Les quitaban las capas exteriores y los tostaban para el comercio.
Holanda fue la responsable de que empezara el cultivo de café en Asia y parte de América que actualmente son los mayores productores de café en el mundo. Los comerciantes venecianos desde Turquía fueron los primeros en introducir la bebida en Europa y se creó la primera cafetería en Londres en 1645. Actualmente se consume casi 10.000 toneladas de café al año en todo el mundo.
En Colombia se cultiva sólo el café arábico, que es el más valorado por su olor y su sabor fuerte. El clima tropical y las altas montañas reúnen las condiciones ideales y además se recolecta de forma manual, lo que aumenta la calidad del grano.
¿A quién no le gusta una buena taza de café por la mañana para empezar el día? Un buen café es una buena excusa para reunirse, para quedar con antiguos amigos; es como una chispa de magia que se puede beber…
Jierro
