La envidia

La envidia

Se dice que la envidia fue la causa del primer homicidio en la Historia Sagrada. Caín mató a Abel porque no toleraba que Dios le diera preferencias. Y más de un conflicto, e incluso de una guerra, han nacido por la envidia de las personas o los pueblos. La envidia es el dolor que sobreviene por el bien ajeno. Sólo una mente estrecha puede dar lugar a la envidia por los logros de otros…

Suspirar por lo que otros tienen, ya sean bienes o cualidades, está en nuestra naturaleza. La envidia era el modo que tenían nuestros antepasados de evaluar su posición frente a los demás.

El sufrimiento que produce sentir envidia es indistinguible del generado por una quemadura. Y, sin embargo, socialmente tiene connotaciones positivas. Para destacar que algo es realmente bueno afirmamos que es envidiable.

Hay que diferenciar entre la envidia que se dirige a personas que han conseguido lo que nosotros codiciamos y la que se centra en lo que posee y anhelamos. La primera es la pecaminosa, nos hace desear que al otro se le tuerzan las cosas y se asocia a sentir placer cuando a los otros les va mal.

La envidia es una emoción negativa causada por no aceptar el hecho de que otros pueden superarnos en la calidad del carácter, habilidades, logros o en determinadas situaciones. Cuando uno habla mal de otros o hace cosas para dañar a otros por envidia, esto demuestra una falta de bondad en el corazón de uno. Esto también crea «yeli» (materia negra que se acumula al hacer obras malas) para uno mismo, el cual resultará en retribución o pagado…

Cuando otros logran cosas, la reacción natural es alegrarse por ello. Cuando otros nos superan, la respuesta natural es aprender de ellos. Cuando otros necesitan ayuda, la respuesta natural es hacer lo mejor que podemos para ayudarlos.

La envidia mala se ha agudizado con el uso de las redes sociales. Es importante aceptarnos y valorar aquello que sí tenemos. Aceptar las emociones es la mejor manera de aceptarnos.

Jierro


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