El Algarve, la región más meridional de Portugal, no se entiende sin el mar.
Para la mayoría de la gente, el sur de Portugal es sinónimo de playas espectaculares y vacaciones. Pero hay otros Algarves, donde laten todavía sus esencias rurales y marineras.
En la accidentada geografía de su extenso litoral desde Vila Real de Santo Antonio hasta el Cabo de San Vicente hay unos 200 kilómetros de Arenales, barras, islas, estuarios acantilados, cabos y bahías…
Tierra adentro, ofrece un mundo por descubrir. En paralelo al valle del río fronterizo (Guadiana) surgen vastas extensiones de terreno sin más rastro humano que minas abandonadas o menhires neolíticos. Los dos países vecinos siempre se miraron con desconfianza, tanto en Ayamonte (Huelva), como en las localidades algarveñas de Castro Marim y Alcoutim.
Hoy el puente que une ambas localidades y pasa por encima de las aguas del Guadiana han dejado atrás viejos malos entendidos…
La Naturaleza domina el paisaje, castillos y pueblos rodeados de higueras, olivos y almendros convivieron desde los fenicios y cartagineses hasta los romanos, visigodos y árabes. Al-Garb-al-Anndalus (el Oeste de al-Andalus) que proviene del árabe tiene profundas huellas.
El interior del Algarve está surcado por senderos que conectan aldeas y cascadas. Observar a la gente local y sus costumbres que viven en los pueblos remotos donde aún se tejen cestas con hojas de palmeras «empreita«. Visitar los mercados con productos frescos y tradicionales, disfrutar de la tranquila campiña del Algarve. Es un lujo que aún podemos disfrutar…
Si bajamos a la costa nos perderemos por callejuelas entre sus casitas y calles adoquinadas, veremos las cuevas naturales formadas por la erosión del mar. Y en la punta suroeste de la península Sagres y el Cabo de San Vicente, a pesar de la belleza de sus paisajes no son tan visitados. Desde el faro del saliente se divisa un islote plantado en medio del mar y da la sensación de que la tierra se acaba, idea desmentida por los marinos portugueses en el siglo XV.
Las playas algarveñas están encajonadas por altos acantilados, por todas partes, el mar, salobre y límpido, de aguas verdes cristalinas besando una arena blanca y fina…
Jierro
Imagen: Steven Fruitsmaak, CC BY-SA 3.0
