Intentar mejorar lo inevitable

Intentar mejorar lo inevitable

Derrochamos nuestras energías en buscar la felicidad, pero a veces nos preguntamos si sirve de algo repetir una y otra vez las cosas que no van bien en nuestro mundo: guerras, hambres, enfermedades, contaminación… No tienen solución. Existe una constante invitación a mirar para otro lado.

Aunque hablamos sin cesar de lo mal que van las cosas, de que si el Mediterráneo se nos muere, la pérdida de los bosques por el fuego, la falta de lluvia, las trombas de agua… ¡Ojalá no hubiera necesidad de decirlo, pues ello significaría que el respeto a la Naturaleza y a todo lo viviente es algo inherente a la humanidad!

Mas la realidad es otra. Y el lado sombrío de la vida no puede quedar relegado al olvido. Debemos intentar mejorar lo que esté en la medida de nuestras posibilidades, aunque todo aquello que sea inevitable, a pesar de nuestras quejas, no dejará de suceder.

La sociedad superindustrializada se autodevora, la sociedad agrícola subsiste lánguida, la sociedad religiosa carece de base; y sin embargo todas tienen algo muy positivo. El milenio sigue su curso, ya no vale ir por libre. Urge unir esfuerzos de todo tipo que dé cabida a muchas actividades humanas con solución de futuro.

El único juez es el tiempo. El respeto a unas Leyes Universales evidentes, como son la armonía, la libertad, la bondad, la justicia, nos hace ser conscientes de que no somos ni animales ni ángeles, sino un poco de ambas cosas. De esta manera lo único honesto que nos queda por hacer sea quizá poner en práctica el viejo método del tanteo: ensayo- error- ensayo, pero llevado al campo estrictamente personal…

De todas maneras no hay que obsesionarse por los aspectos negativos de la realidad. Debemos permanecer tranquilos y descubrir las facetas luminosas que la vida nos ofrece. No caben recetas universales. Y como decía GANDHI:

«La meta del hombre es la verdad, y así el conocimiento y así la felicidad»…

Jierro

Imagen: Bela Geletneky, CC0


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