Las islas de IBIZA y FORMENTERA, junto a más de 50 islotes, reciben el nombre de ISLAS PITIUSAS, debido a la abundante presencia de tres pinos diferentes. La isla de IBIZA conserva restos arqueológicos fenicios y púnicos, pues era punto de paso propicio para los navegantes por los vientos reinantes y las corrientes del Mar Mediterráneo. Los historiadores romanos la nombraban por la calidad de sus lanas, higos, los vinos y su sal. Los árabes en el 902 se asentaron en la ciudad que hoy pervive como capital, la parte antigua de la cual recibe el nombre de DALT VILA (encima de la villa)…
A lo largo del siglo XIX dada la pobreza de la isla, hay cierta emigración hacia Cuba y Argel. Para los primeros extranjeros, que descubrieron IBIZA, la isla fue un ejemplo de un mundo en armonía donde la naturaleza y vida humana habían llegado a unirse en su más alta realización, guardando la naturaleza su frescura y pureza, y la vida humana libertad creativa por su sencillez y frugalidad…
Calas intactas y un interior rural dibujan el paisaje de esta isla balear que su biodiversidad natural y herencia cultural le han valido para ser el epicentro del ocio estival europeo. De fama global y a la vez desconocida al que muchos acuden con el reclamo de sus vibrantes noches, unos 20 kilómetros de playas de arena fina y aguas cristalinas, casas encaladas, iglesias fortificadas y las inolvidables murallas de «DALT VILA», Patrimonio de la Humanidad. Los años 60 y 70 fueron puntos de referencia para la cultura hippie y para muchos viajeros. PINK FLOYD, le dedicó una canción a un bar célebre en la isla en el disco «MORE»…
La mentalidad abierta de sus habitantes, acogió cada año más gente que venía en busca de relajación y alegría… Conforme han pasado los años, las exigencias desorbitadas de un turismo que está dirigido únicamente al beneficio, han agotado las aguas subterráneas y la isla corre peligro.
Tenemos que cambiar el rumbo antes de que IBIZA se convierta en un tugurio donde la droga, la especulación del suelo y hasta su tierra y su mar queden estériles. Fomentar la reforma de las tierras agrícolas, replantar los bosques; adaptar el turismo a las exigencias de la naturaleza de la isla, limitando el consumo de agua y haciendo conscientes a los huéspedes elevando el nivel cultural del turismo actual en todos los sentidos…
Jierro
Imagen: Jorge Cancela, CC BY 2.0
