Adentrarse en la alta montaña

Adentrarse en la alta montaña

Caminar por la alta montaña constituye un mundo en sí mismo que guarda poca relación con otro tipo de paisajes. Todo en ella está en proceso de continuo cambio. La majestuosidad del bosque de coníferas señala su inicio y al adentrarnos en una espesura de pino negro o abetos, el bosque ya no es aquel que cubre las laderas de montaña media. Existe una sutil serenidad y sobriedad al contemplar la perfecta ordenación de sus elementos. En un medio tan duro pocas especies logran adaptarse y sobrevivir.

Mucho se ha hablado sobre el secreto anhelo que mueve al excursionista a adentrarse en cimas tan elevadas. La atracción que ejercen las cumbres llega a ser prácticamente espiritual, hay «algo» que en la inmensidad blanca hace encontrarnos a nosotros mismos. La alta montaña dicta sus propias leyes y en ella el hombre es un huésped momentáneo. Cada persona siente la montaña a su manera, descubriendo todo aquello que la Naturaleza le brinda.

Mientras no se posea experiencia, es mejor ir siempre acompañado de gente familiarizada con ella. Una cuestión importante es el miedo ante una situación delicada en montaña. Ante todo nunca se debe perder la tranquilidad, si sólo contamos con nosotros mismos es importante estar relajado y saber respirar para salir del atolladero, sobretodo tener confianza de que se va a superar la situación.

El mejor consejo es pertenecer a un grupo excursionista experimentados porque la montaña nos aguarda para hacernos vivir experiencias inolvidables. Poder observar desde una cima elevada murallas de piedras que se levantan en vertical y configuran agudas crestas para hundirse en profundos precipicios con formas y colores concretos y brillantes que cobran con el sol un cambiante colorido…

El otoño es una época muy propicia para lanzarse a la aventura de descubrir un lugar tan especial como la alta montaña.

Jierro

Imagen: Tigerente, CC BY-SA 4.0


Publicado el

en

por