Cualquier paisaje puede convertirse en un vergel y además todos merecen serlo. Existe una diferencia evidente entre la naturaleza virgen, que el hombre no ha pisado y desarrollado conforme a sus propias leyes, y el paisaje cultivado, utilitario y a menudo deteriorado.
El estado de salud de un paisaje viene determinado por el equilibrio de los vientos, los fenómenos atmosféricos y principalmente el agua. Los paisajes naturales son capaces de regenerarse por sí mismos y reparten los elementos que forman su vegetación y su fauna.
Un paisaje puede presentar infinidad de formas y el hombre debe intentar restaurarlos o conservarlos en buen estado y el medio que le ofrece para ello la naturaleza es la vegetación: las plantas son una señal de vida, y cuando faltan, la tierra se vuelve estéril y es erosionada por el agua y el viento.
Desde el instante en que el hombre interviene en el paisaje de un modo útil y benéfico percibe los primeros resultados de su trabajo como un remedio para la región. Pero su labor se vuelve funesta cuando reemplaza la vegetación compensadora y equilibrante para establecer monocultivos que conducen a una pérdida progresiva del tapiz vegetal natural.
A partir de ahí se da libre curso a las fuerzas geológicas, la erosión por el aire y el agua, la sequía, etc… Y las regiones acaban por volverse inhabitables y estériles. En el paisaje cultivado ideal, los campos deben alternar con bosques, que actúan como reservas vitales. El agua frena el avance del desierto, y es la clave del cambio de los paisajes.
Desde hace 3000 años el planeta ha sido intensamente transformado por cazadores – recolectores, agricultores y pastores alterando los patrones de biodiversidad, el funcionamiento de los sistemas y el clima.
A medida que cambia el clima, cambiarán también los recursos de agua dulce y salada sobre los que se basan nuestras sociedades y economías, y tendremos que aprender a lidiar con un futuro complicado donde el agua, la tierra, la atmósfera y todos los seres vivos que en ella habitamos cambiarán para siempre.
El grupo humano de la sociedad tradicional vivía su relación con el paisaje aprovechando sus recursos y a la vez conservándolos y protegiéndolos…
Jierro
Imagen: Andalusian Institute of Historical Heritage, CC BY 4.0
