Montones de tiendas de campaña esparcidas por doquier, haciendo fuegos y dejando tras su paso un rastro de basura y árboles mutilados, por desgracia, es una clásica imagen estival de cualquier valle pirenaico.
El invierno es el gran regulador que frena las agresiones que continuamente padece la montaña. El Pirineo se cubre de blanco y cambia radicalmente el paisaje. Desaparecen las pistas, caminos y ríos pequeños, se disimulan las zonas rocosas y se esconden los bosques; la vida se mantiene latente los meses que la montaña se viste de blanco. Es como si descansara recuperando fuerzas para la gran explosión primaveral.
La mayoría de las especies animales han emigrado o se han refugiado alimentándose de las reservas acumuladas durante el verano bien en forma de grasa en su propio cuerpo o en depósitos ocultos de comida.
El Pirineo ha dejado de ser la gran cadena montañosa que atemorizaba a los antiguos moradores de sus vertientes, con sus altas montañas de nieves casi perpetuas y profundos valles cubiertos de bosques, donde la gran fauna se refugiaba de los hombres y en cuyos altísimos riscos anidaban las águilas…
En muchos riscos ya no pueden anidar las águilas, porque los escaladores no cejan en sus reiterados ataques a las paredes rocosas donde nunca estas aves habían tenido competidores.
Con el correr del tiempo esta imagen ha dado lugar a otra en la que la gran cordillera se nos aparece más como un enorme terreno de juego en el que practicar deportes algo arriesgados dentro de un marco natural sano. Hoy los animales pirenaicos viven huyendo de los grupos excursionistas que campean por todas partes…
El Pirineo sufre hoy una fortísima presión humana. El esquí concretamente es un deporte que se ha masificado de tal modo que concentra decenas de miles de personas en los centros preparados para tal fin. Para darles acogida se asfaltan nuevas carreteras, se roturan grandes extensiones para aparcamientos y se levantan urbanizaciones satélites que suponen una gran agresión al paisaje. Además muchos esquiadores llegan a este deporte sin haber practicado antes ninguna actividad montañera y sin conocer la montaña a fondo ni a sus habitantes.
El Pirineo todavía conserva lugares donde el pulso vital de la montaña es igual que el de hace centenares de años y donde la naturaleza permanece casi inalterada. LUCHEMOS por un PIRINEO limpio y conservado para el futuro…
Jierro
Imagen: Robot8A, CC BY-SA 4.0
