Sólo un minuto faltaba, apenas sobraba un instante, cuando el tren se puso en marcha.
El olor a hollín, la vía estrecha, el gusto salobre a Mar Cantábrico.
Un viaje sin destino, subiendo y bajando a destajo, con la mochila a la espalda y la caña en la mano, poco equipaje hace falta, para disfrutar del verano…..
