El llamado Pacto de los Toros de Guisando por el que se reconoció y proclamó a la infanta Isabel como princesa heredera de los Reinos de León y Castilla el 19 de septiembre de 1468, constituye el origen y punto de partida de su reinado (1474-1504) en detrimento de «La Beltraneja», hija de su hermanastro Enrique IV. La jura de la princesa fue confirmada en las Cortes de Ocaña de 1469. A partir de ese momento Isabel pasa a ser la Princesa de Asturias.
Los Toros de Guisando, en el término municipal abulense de «El Tiemblo», son uno de los más famosos vestigios artísticos de la Hispania prerromana. Sin embargo, su valor histórico va más allá del propio conjunto escultórico vetón, pues se convirtieron en protagonistas durante las guerras civiles que marcaron el fin del siglo XV en Castilla y León y el inicio del reinado de Isabel la Católica.
Los Toros de Guisando son un conjunto de cuatro esculturas prehistóricas de granito. Debido a su configuración un tanto estilizada no se distingue bien si son toros o verracos. El hecho de que estén precisamente en la divisoria de las tierras de Castilla y León y Madrid sugiere que podrían estar señalando los límites de antiguas tribus o comunidades.
Se piensa también que pudieron ser ofrendas propiciatorias para favorecer la reproducción del ganado, principal medio de subsistencia de la tribu. También se ha sugerido que eran símbolos instalados por Carlos V en las comarcas más comuneras tras su victoria sobre los rebeldes o hitos de la ancestral trashumancia anterior a la Mesta.
En el Quijote (II parte, Cap. XIV) encontramos varias menciones a estos toros: «Vez también hubo que me mandó que fuese a tomar en peso las antiguas piedras de los valientes Toros de Guisando, empresa más para encomendarse a ganapanes que a caballeros… Pesé los Toros de Guisando»…
Jierro
Imagen: AdriPozuelo, CC BY-SA 3.0 ES
