Miré de reojo al pasar junto a ti,
en una terraza del barrio marino,
sentado a la puerta de un viejo café,
aspirabas el humo de tu cigarrillo…
Nos quedamos mudos desde aquella vez,
casi un lustro hacía desde que nos vimos,
tu mirada huidiza sin saber por qué,
toda mi pasión quedó allí mismo.
Pasé de largo ¿adónde? ¿para qué?,
si hubo magia, ya se había perdido.
¡Qué extraño aquel atardecer!
tan bello, sin palabras, sin ruidos…
Cuando el amor es ciego, no deja ver,
lo turbio, lo negro, lo que no está limpio,
y al girar la cabeza, ya te habías ido…
Jierro
