Quiero que digas

Quiero que digas

Llegó el fin de otoño
con el invierno abrazado,
la luna mengua su figura,
los madroños maduraron.

De lejos, el viento murmura,
entre árboles desnudos,
ecos distantes, confusos,
meciendo cual torbellino,
sin acierto ni cordura,
las palabras de este mundo.

Viento, quiero que digas,
que no sabes nada de nada,
y yo miro al mar tranquila,
en mi libertad segura,
la del pájaro y la brisa,
navegando entre tus olas,
cortando el agua fría,
y tras la marisma oscura,
mis ojos abiertos sonrían…

Jierro


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