La puerta del misterio

La puerta del misterio

Donde hay vida, hay muerte también. «Quien ha aprendido a vivir, no teme a la muerte». La muerte es un hecho natural, en realidad la muerte está sucediendo en nosotros a nivel de órganos y células.

Todos pensamos en la muerte. Cuanto más nos acercamos a edades avanzadas ese pensamiento se hace más intenso por su proximidad…

Vemos con tristeza que somos incapaces de expresar con palabras lo que debe haber más allá del espejo, lo que habrá al otro lado que separa el aquí del allá.

El que sepamos que tenemos que morir no impide que todos tengamos en nuestro interior un deseo innato de perdurar, de sobrevivir, de vivir más allá de la muerte. La mayoría nos conformaremos con perdurar a través de la descendencia.

La muerte es la escena final de nuestra existencia.

A partir de ese momento supremo nos convertimos en recuerdo más o menos duradero. Los recuerdos pueden ser positivos o negativos según nuestra actuación. Si existe una semejanza entre los hombres a los que separa el color, la lengua, la cultura, la situación geográfica etc…, esa semejanza que nos une a todos es la muerte.

Todos los seres vivos mueren, pero el hombre es el único que al parecer tiene conciencia de que ha de morir. El hombre primitivo depositó junto a sus seres muertos, amados respetados en vida, alimentos y ajuar para que le acompañasen en el camino a esa otra dimensión cuya existencia intuían.

La muerte es la puerta del misterio. A través de ella esperamos ver a Dios, esa fuerza infinita, incomprensible, fuente y origen de todo el Universo.

Todos pensamos ansiosos en los misterios que nos serán revelados, aún los que protestan diciendo que no hay nada más allá… Dudo, luego soy humano.

Jierro


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