Caminar descalzo

Caminar descalzo

Hace miles de años que desde ORIENTE se dice que el hombre necesita energía vital para sentirse valiente, optimista, dinámico… Esta energía se suele identificar con la respiración.

Necesitamos estar además conectados a los campos energéticos de la Tierra. Algo tan sencillo como caminar descalzo puede incrementar la vitalidad y prevenir numerosas enfermedades…

El placer de caminar descalzo por la orilla de la playa, pisar la tierra húmeda o la hierba, hace que el organismo se revitalice y la energía fluya.

Nuestros desgraciados pies, siempre aislados del suelo por los zapatos son felices cuando tocan tierra y más si es tierra húmeda o hierbas jugosas y tiernas…

En los pies se cierra el circuito eléctrico que hace funcionar todos nuestros aparatos intracorporales.

En OCCIDENTE el hombre de la ciudad debería pisar la hierba o el césped para aumentar los reflejos y el poder de concentración y desprendernos del cansancio y el agotamiento.

Potenciemos las hierbas del país ya que se comen nuestras sobras de anhídrido carbónico, mientras que nos regalan para nuestra satisfacción sus restos de oxígeno.

El folklore popular piensa que caminar descalzo incrementa el riesgo de desarrollar un resfriado o gripe. Sin embargo, los estudios científicos han demostrado que esto no es cierto, porque los patógenos que los causan no pueden penetrar por la superficie de los pies…

Se ha comprobado que andar descalzo alivia la inflamación en todo el cuerpo la cual es el origen de enfermedades como la diabetes, el asma, el alzheimer, la artritis…

Además mejora la calidad del sueño, el estado de ánimo, reduce el dolor muscular y aumenta el nivel de energía.

Este hábito permitirá estimular y trabajar aquellos músculos que se encuentran anulados o atrofiados ante el uso continuado del calzado.

Sólo los niños saben de este poder, siempre que pueden, y se les deja que se descalcen.

Necesitamos más árboles y más hierbas, y menos Asfalto…

Jierro


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