Cuando intenté cogerla, estaba reticente…
Otra vez me acerqué, hasta que se cruzaron nuestras miradas.
¡Fue un hechizo! ¡Una complicidad!
Me siguió hasta el huerto de los limones.
Yo no conocía su lenguaje, pero un palomo la arrulló…
Enseguida entendí:
¡que mi compañía sobraba!…
Jierro
