Vinos generosos

Vinos generosos

En el triángulo Sanlúcar de Barrameda, Jerez y Puerto de Santa María los secretos de unos vinos generosos que no se parecen a ningún otro ni en su paladar ni en su elaboración son la gran aportación al universo de la Enología…

Las tres ciudades que permiten su crianza, decenas de monumentales bodegas hacen la ruta del vino con más visitas de España.

Las barricas entre la arquitectura de sus edificios diseñados para no superar los veintipocos grados aún en los días más cálidos del verano junto con la albariza una tierra capaz de retener el agua, el sistema de criaderas y soleras (cada bota a ras del suelo), la crianza oxidativa y biológica con velo de flor, dándole a la mayoría de los jereces su gusto tan inusual y un buen manejo en la bodega por parte de los «entendedores» que atesoran los vinos más viejos sin intervención mecánica alguna…

«No son vinos fáciles», hay que probar mucho para hacer el paladar, y una vez que te conquistan ya no hay vuelta atrás…

En la desembocadura del Guadalquivir, frente a Doñana, SANLÚCAR DE BARRAMEDA en su casco viejo de caserones nacidos del comercio con el Nuevo Mundo, las bodegas – catedrales del Barrio Alto, el Barrio Bajo y el Bajo de Guía:
«LA MANZANILLA» tiene su propia identidad…

En JEREZ los barrios medievales, tan flamencos también, como San Miguel y Santiago, el ambiente por las terrazas de la calle Larga, la Plaza del Arenal o sus tabancos, bares antaño donde solo se servía vino y que estuvieron al borde de la extinción, hoy, ese casco histórico «para quitarse el sombrero» acapara el encanto y la fama a la sombra de la Catedral y el Alcázar Almohade, los enjambres de iglesias y la barbaridad de bodegas, donde «la cata» tras cada visita será una ventana al juego infinito de entender el jerez…

En el PUERTO DE SANTA MARÍA casas- palacios de patios enrejados y muros encalados en uno de los puertos comerciales de lo siglos XVII y XVIII los finos tienen un regusto tan salino por la proximidad del Atlántico y en «las catas» entre las botas de sus soleras más viejas y renegridas se hablan de Estrabón y Plinio el Viejo que decían maravillas de los vinos de CÁDIZ, cómo los árabes, a pesar de las prohibiciones religiosas eran unos maestros del alambique, y más tarde al calor del negocio en el siglo XVIII llegaron irlandeses, escoceses, franceses, ingleses… «CON LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL YA APRENDIDA»

Jierro


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