Uno de los antiguos saludos entre iguales es el abrazo: se saludaban así en el mundo semítico hace 4000 años. También el beso en la mejilla, beso en la mano o beso en la boca dependiendo de la amistad, sometimiento o devoción…
Inicialmente se trató de una intención de demostrar a la persona con quien alguien se cruzaba que no se tenía ninguna intención de agredirla o pelear con ella.
Dice HERODOTO que cuando los egipcios y los romanos se encontraban inclinaban el cuerpo bajando la mano hasta la rodilla o, como era costumbre en Oriente ponían la mano sobre el pecho.
Los griegos y los romanos comenzaron a desplazar el saludo gimnástico de los egipcios por la fuerza de la palabra. Así los griegos decían «kaire» e «hygiaine» que equivalía al
«Vale» y al «Salve» de los romanos que correspondían a: alégrate y hállate bien…
Fue en ROMA donde se puso de moda el beso, y fue tal su éxito y la cantidad de sus adeptos, que desde el canto del gallo se llenaban de
«Salutatores» para rendir homenaje en las casas de los Patricios y esperar la
«Sportula» que no era sino una propina.
La invasión de los bárbaros y la Alta Edad Media acaban con el saludo como forma cotidiana de relación.
Es a partir del siglo XVI cuando hay un regreso a los saludos gimnásticos, llegando en el XVII a verdaderas acrobacias y pasos de ballet.
Durante esta época rivalizaron franceses e italianos en el donaire para quitarse emplumados sombreros ante encopetadas damas que, a su vez, contestaban doblando más o menos ceremoniosamente las rodillas…
Finalmente llega la REVOLUCIÓN FRANCESA, cierra las sastrerías y sombrererías y les pone a todos a trabajar.
Es evidente que no saludamos o lo hacemos de mala gana cuando nos falta el humor. Lo que puede estar causado, precisamente por una carencia de salud. Por eso cuando nos encontramos bien, tras la caricia de la sonrisa se extiende un caudal expresivo: el ademán comunicativo, la parada instantánea, el preludio de la charla, el guiño…
Rescatemos el saludo: el respeto no cuesta dinero. Hagamos de él una verdadera disculpa para la comunicación humana. Baste recordar que en los pueblos nadie pasa junto a otro sin que medie una palabra…
¡NO ES TAN IMPOSIBLE!
Jierro
