Esta noche soñé con las flores que bailaban al ritmo del viento bajo las palmeras.
Iban desfilando hasta la puerta del magnolio y descansaban en los parterres sembrados de violetas.
Luego, bajamos al arroyo, a respirar el aire húmedo que traspasa el puente de la carretera.
Desde la umbría, pasamos a la solana para contemplar la aurora malva que el sol proyecta…
Subimos por el barranco, hasta llegar a la casa escondida entre los árboles y escuchar la música de los mirlos en la penumbra del techo verde y las enredaderas.
Paseamos hasta la curva del naranjal, donde las palmas ocultan a las culebras.
Cerramos los ojos de placer y gozamos de todos estos momentos para siempre en nuestra cabeza…
Jierro
