En el camino que sube al Vinculillo,
lleno de campanillas y mariposas,
los niños juegan a tirar yerbas,
fingen disfraces que tienen ganas,
unos tras otros van dando gritos,
se revuelcan contentos en la solana.
Alrededor el campo verdimorao,
de siemprevivas, ya semisecas,
zarzaparrillas sobre el vallao,
cobija nidos de abejarucos,
en agujeros hechos en la tierra.
Alguien se esconde con el crepúsculo,
en la cañada que hace revuelta,
las zarzamoras a nuestro paso,
están aplastadas y ocultan huellas.
Con nuestros miedos, hechos valientes,
vimos moverse una sombra negra,
que sube corriendo la cuesta arriba,
y en el silencio alcanza la sierra…
Nos enredamos sin retenerla,
como un enjambre de abejas nuevas,
en la humedad del viejo arroyo,
la blanca luna se nos acerca…
Jierro
