A veces, de repente, la vida
nos da de lleno cuando menos presentimos,
sin cómo, ni dónde, sin poder comprender,
que de las entrañas nos arrebaten al hijo…
Ya tu luz y el calor que nos daban,
donde un tiempo consuelo y cariño,
ahora la tierra de flores perfumadas,
te cubre sigilosa y tu alma de niño
en el azul del cielo reflejada.
Al mundo entero quisiéramos morder,
tan solos quedamos y en tanto cautivos,
bañados los ojos, sin apagar la sed,
despiertos y soñando que es un espejismo.
Y sin embargo…
El rudo golpe nos hace estar presente,
la amarga realidad al cuerpo fuerza
a donde el luto y el silencio permanece…
Jierro
