La inocencia sin medida,
la que calla cuando hablas,
la que camina a tu lado,
cuál una niña distraída,
y que, a veces, sin sosiego,
busca palabras prendidas,
del pasado, de recuerdos,
tortuosas, siempre extrañas,
con esa dulce obediencia,
en el hoy y en el mañana.
A tu abandono fabricó divinos sueños,
en la noche oscura y en la alborada,
trocose tu sombra en vano viento,
y busco la paz en mis entrañas.
¡Quién eres tú! Que mientes y adormeces,
a tu viejo corazón que alienta el alma,
echando sobre las verdades un velo,
que sólo son, verdades a quien alcanza,
o la otra verdad que nos retrata…
Jierro
