Olas de calor a compás del deshielo,
no brotan los sauces ni los tamarindos,
ni los duros almendros esparcirán su fragancia,
se agotaron manantiales, su dulce sonido,
ni murmura el arroyo a la sombra de las ramas,
ya a otros charcos ranas y sapos han huido,
los rayos del sol la canícula derrama.
Sobre el Mediterráneo ha atardecido,
y la luna de fuego con su vestido escarlata,
baja lentamente a mirarse en el espejo
del inmenso mar y besa sus aguas,
sabores de salinas y encantamiento,
duermen abrazados hasta la mañana…
Jierro
