Una jornada marinera

Una jornada marinera

Hoy fui expresamente a ver el mar, «es como una hipnosis». Sopla el Terral, el agua del Mar de Alborán está helada, los bañistas en la orilla tomando el sol o resguardados en las sombrillas…

Un pequeño barco flota en el horizonte, las palmeras crean un pequeño oasis artificial y las cotorras emiten graznidos y no paran de revolotear…

Los vendedores ambulantes ofrecen bebidas muy frías… Los músicos callejeros tocan a pleno sol: la guitarra, el saxo, el clarinete…

Los turistas, van y vienen, como si fueran los mismos de ayer. Hay un trasiego de bicicletas y patines por el paseo…

Me sumerjo en este calor de mediodía, esperando el fresquito del atardecer… Mientras tanto, en los chiringuitos hay un intenso olor a espetos y otros pescados que se me hace la boca agua… Luego, busco el carrito de los helados; ¡Hay tanta variedad y tantos colores! Pero mi favorito es un polo de hielo con los colores del Arco Iris…

Me tumbo en la arena mientras se acerca un barquito pesquero. Espero, acariciada por la brisa y la puesta de sol, entonces escucho como los pescadores sacan el copo, me acerco y veo como todavía saltan y se mueven los boquerones, las sardinas, los jureles… con un brillo de plata intenso. Les ayudo a recoger las redes, apartando las que hay que remendar…

El calor sigue, pero he pasado una jornada marinera fenomenal…

Jierro


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