Final de agosto, víspera de romería,
en el amanecer lento tras los alcores,
se abren las puertas de la antigua ermita,
entre volteo y volteo de campana,
en una alegría contagiosa de la gente,
trasladan a la Virgen Peregrina.
La dulce melodía de la flauta, los tambores,
los estruendosos y chispeantes cohetes,
el relinchar de los robustos caballos,
en su rítmica movida hacia la iglesia,
con el duro trote por el campo claro,
multiplica el ceremonial de la marcha,
y la extraña estampa de madrugada bella.
Los vecinos, a la entrada del pueblo,
con espontáneos piropos y ¡vivas!,
reciben a la Patrona ¡VIRGEN DE FLORES!
Se presenta en el templo entre aplausos,
para conceder gracias y bendiciones,
para que la lluvia riegue nuestros campos…
Jierro
