Pocas ciudades son tan míticas como la gran perla arqueológica de Jordania «PETRA». Esta ciudad rosada esculpida sobre roca arenisca, fue levantada por los edomitas en el siglo VIII a.C. y alcanzó su esplendor bajo el dominio nabateo, a partir del siglo VI gracias a su ubicación en la confluencia de siete rutas comerciales, entre Oriente y Occidente, entre Arabia y el Mediterráneo.
PETRA significa en griego «excavada en piedra», está literalmente tallada en la roca formando un conjunto monumental único, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD desde 1985.
La ciudad se convirtió en una ciudad próspera y rica gracias al pillaje de los nabateos durante los primeros años y, más tarde, a los altos peajes que cobraban por la seguridad de sus muros. Y es, que PETRA se ubica entre altas montañas rocosas y sus habitantes se encargaron de construir complejas redes de canales que les abastecían de agua potable. Era una ciudad para el descanso.
Este florecimiento no le duraría mucho a la ciudad rosa, pues el cambio de las rutas comerciales y varios terremotos hicieron que a partir del siglo VI d.C. sus habitantes la abandonaran y cayera en el olvido. PETRA desapareció para Occidente después del tiempo de las Cruzadas…
En el siglo XIX, el investigador suizo LOUIS BURCKHAND disfrazado de beduino, la redescubrió y así pudo acceder a este lugar custodiado por las tribus del desierto.
Un laberinto de barrancos, peñascos y ríos estacionales componen el siq, un angosto desfiladero jalonado por altas paredes de policromía espectacular que lleva al tesoro del faraón «Jazna al-Farún», monumental fachada, tallada en la ladera del monte, donde estuvo enterrado algún monarca nabateo. Se cree que fue fundada como ciudad funeraria, cuenta con un teatro que fue reformado por el Imperio Romano.
Los mil y un colores que la erosión ha ido descubriendo: rosas, rojos, violetas, blancos mutan con el sol y se transforman a cada hora del día. Conviene perderse por los caminos que hay a un lado y otro del valle y dejarse embelesar…
Jierro
