Un vaho invisible, tibio,
es como un viento cambiante,
ese cariño conmigo,
en el tiempo que transcurre,
neblinas y laberintos,
sombras que paseantes,
dejan tus besos prohibidos,
y mis secos labios arden…
Tras los gráciles visillos,
otro noviembre ha llegado,
pero el otoño no vino,
sobre el cielo azulado,
nubes rosas en vaivenes
de horizontes purpurinos,
flotan cubriendo el algarve,
cuando el sol ya apagado,
entre montes ha huido.
Brillan las lomas granas,
amarillentos helechos,
bajo verdes madroñales,
se enredan entre las zarzas.
Y yo con mi pensamiento,
ante la brisa aspiro,
tus olores, tu fragancia,
y tu querer escondido…
Jierro
