A 40 minutos en tren desde NÁPOLES dos ciudades romanas POMPEYA y HERCULANO, florecientes hasta el 24 de agosto del año 79, fueron arrasadas por la erupción del VESUBIO ese día.
Desde mediados del siglo XVIII se empezaron a desenterrar sus ruinas. La gran extensión de POMPEYA contrasta con el espacio más reducido pero mejor conservado de HERCULANO. Las dos son testimonio de la vida opulenta de los ciudadanos romanos más pudientes en los primeros años de la ROMA IMPERIAL.
El sitio arqueológico se extiende sobre una colina que se asoma al golfo de NÁPOLES. El paisaje rural atestigua la capacidad de adaptación de los habitantes que han sabido aprovechar la diversidad del terreno cultivando viñedos y huertos en terrazas construidas en las laderas bajas y conservando las tierras altas como pastizales…
La visita a POMPEYA nos traslada a una época de esplendor acercándonos a las termas, a los templos, al foro, al anfiteatro y hasta el lupanar (el antiguo burdel romano).
La vida cotidiana fluía en la ciudad antes de ser sepultada bajo las cenizas del VESUBIO, un pasado trágico que nos recuerdan las impactantes figuras reales de personas y animales que se conservaron como petrificadas, envueltas en cenizas y que hoy son un testigo más de la violencia del volcán.
Al recorrer la antigua ciudad se percibe la perfecta planificación urbanística romana, con sus dos avenidas principales, el cardus y el decumanus, construidas con surcos en los laterales para facilitar el tránsito de los carros…
En el Museo Antiquarium se preservan muchos restos: figuras decorativas, estatuas, útiles de cocina y mosaicos… Aunque la mayoría se exhiben en el Museo Arqueológico Nacional de NÁPOLES.
Pero quien viaja a NÁPOLES no busca belleza ni patrimonio, sino ese olor tan peculiar que desprenden sus barrios. Así que después de empaparnos de arte (algo de lo que la ciudad está plenamente sobrada) nos toca callejear para descubrir esos rincones que hacen de NÁPOLES la ciudad más especial de ITALIA…
Jierro
