No podemos permanecer ajenos a ninguno de los graves acontecimientos que nos rodean: guerras, hambres, cambio climático, contaminación… Existe una constante invitación a hacer como el avestruz que, cuando tiene miedo, esconde rápidamente la cabeza.
A veces una se pregunta si sirve de algo airear, incluso gritar, las cosas que no van bien en nuestro mundo, y hablamos demasiado y sin cesar de lo mal que van las cosas… ¡Qué más quisiéramos que dejar de hablar para siempre de todo ello!; significaría que el respeto a la naturaleza y a todo lo viviente es algo inherente a la humanidad.
Mas la realidad es otra. Y el lado sombrío de la vida no puede ser «alegremente» olvidado. Debemos intentar mejorar lo que esté en la medida de nuestras posibilidades. Todo aquello que realmente sea inevitable no dejará de suceder, pese a nuestras quejas.
Reflexionemos, aunque no podemos obsesionarnos por los aspectos negativos de la realidad. Debemos luchar pero permaneciendo tranquilos. Y sobre todo, hay que descubrir las facetas luminosas que la vida nos ofrece… Si contempláramos la TIERRA desde el ESPACIO, sentiríamos admiración y ser unos privilegiados, pero tras la admiración llegaría la angustia al contemplar el PLANETA.
¿CÓMO Y POR QUÉ HA IDO A PARAR EL MUNDO A UNA SITUACIÓN TAN CRÍTICA?
Jierro
