Se puede considerar que una persona es adicta a la TV, tableta, móvil… cuando dedica una cantidad de horas al día sin poder separarse de estos aparatos.
La mayor parte de nuestro tiempo transcurre en un medio ambiente artificial creado por nosotros mismos, al que nos hemos ido adaptando tanto que pocas veces nos damos cuenta de cuánto dista de un medio ambiente natural.
El conocimiento de las cosas basado en la propia experiencia ha ido dejando paso cada vez con mayor notoriedad el conocimiento de una legión de científicos, economistas, técnicos, psicólogos, políticos, etc… que son prácticamente los que dominan la opinión pública y los que se encargan de decirnos lo que somos, qué es la naturaleza y qué es lo que necesitamos para sobrevivir y ser felices…
Con el tiempo vamos perdiendo nuestra propia opinión, dudando cada vez más de nuestras experiencias, y aceptando lo que cuentan «los entendidos» y guías del país que aparecen en estas mágicas pantallas.
Sentados ante cualquier artilugio, un aluvión de imágenes e informaciones penetran a través de nuestros ojos almacenándose en el cerebro sin que tengamos participación alguna. Nuestra mente va siendo manipulada por quienes deciden lo que debemos saber, de lo que nos tenemos que indignar y de lo que es conveniente que sepamos para alegrarnos…
Los poderosos medios de comunicación deciden por nosotros… y lo peor de ello es que muchos de nosotros lo llegamos a aceptar como un hecho normal. Es la sociedad moderna-artificial quien domina y decide por nosotros lo que es conveniente y lo que no es interesante. Rebelarse contra este estado de cosas puede acarrear muchas dificultades…
La mayoría de las personas que quieren saber «lo que pasa» en el mundo sentados en su casa tienen pocas posibilidades de saber lo que hay de cierto en cada una de las noticias que se les ofrecen, y menos aún de conocer las que no se les ofrecen.
En el caso del control de tan importante tecnología habría que buscar una frontera que no fuera más allá de un verdadero control público y democrático, lo cual no es fácil. Pero lo que no se puede permitir es que un pequeño grupo de individuos disponga de una tecnología decisiva e influyente sobre la opinión y conducta del ciudadano.
De todas formas la realidad es que la TV y los demás instrumentos son productos del sistema de vida que hoy domina y del que tan poca gente trata de apartarse. ¿POR DÓNDE SE PODRÍA EMPEZAR?
Jierro