MACHADO quiere una ANDALUCÍA pensadora y madura, de hombres rectos y justos, que también lloren y sientan.
En ANDALUCIA, la calle es el salón del pueblo, en ella se encuentra a la gente que se expresa a través del diálogo, el ánimo, los humores, la copla, el flamenco, los cantes que cuentan las verdades a secas, lo bueno y lo malo que depara la vida.
ANDALUCÍA es el SUR, pero no sólo es un territorio rural de aldeas, villas, lagares, haciendas y cortijadas, está salpicada de pueblos grandes y ciudades pequeñas.
La palabra «PUEBLO» tiene aquí un significado especial, asume en su intimidad el aliento de sus gentes y de las motivaciones que lo habitan. Aquí cada pueblo es el reflejo de lo que piensan y dicen sus hombres y mujeres…
Los pueblos blancos que se suceden entre ARCOS y GRAZALEMA encierran un gozoso instinto por la vida, mientras que las ciudades de la bahía exhalan aromas a brisa caribeña.
ANDALUCÍA acoge muy diversas corrientes culturales, tanto de ORIENTE como de OCCIDENTE y éstas se han transformado en la cultura mediterránea: en lo artístico, en lo histórico, en las manifestaciones literarias, en el lenguaje y en su etnografía y folklore. La tierra jerezana nada tiene que ver con la de Jaén. Sobre el alto cauce del Guadalquivir, frente a Sierra Mágina, ÚBEDA y BAEZA, severas y adustas marcan la frontera con la meseta manchega…
La ANDALUCÍA de las alturas tan distinta a la ANDALUCÍA que guarda los silencios en un rincón olvidado de ALMERÍA, sujeto a los cambios de viento, mareas y tempestades, en el desierto de TABERNAS, en NÍJAR, en la ISLETA del MORO… los ritmos y las gentes son otros. Quizá sea en ese espectro de contrastes donde ANDALUCÍA vierta toda su singularidad.
Por eso hoy, en la SEMANA SANTA, tras haber paseado el dolor por las calles, respirando en las madrugadas de primavera el olor de las flores, la pasión de un pueblo que nada tiene que ver con la «religión» esa fe que es de la sangre que corre por las venas, ese sentimiento que expresó ANTONIO MACHADO:
«Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos,
a Jesús el Nazareno»
En este extraordinario sentido de unicidad que tienen los pueblos y ciudades de este SUR. Del único SUR que pervive en la vieja EUROPA…
Jierro