Carecer de Estado propio es uno de los problemas de los pueblos Nómadas. Es el caso de los Masái, a caballo entre KENIA y TANZANIA, y los Kurdos, repartidos entre IRAK, IRÁN, TURQUÍA, SIRIA y la ex-unión Soviética. Quizá los SAMI de SUECIA, NORUEGA, FINLANDIA y RUSIA son quienes mejor se han adaptado al seminomadismo. Los Nenet, pastores de renos de la península siberiana de YAMAL, no tienen otra opción que ir dejando el viejo trineo y su tienda cónica por las explotaciones petroleras.
La globalización no ha llegado a todos los rincones. Hay gente hecha a la tundra y la taiga, a la estepa y el desierto, a la selva y los pantanos, que pasa de las ciudades y su seguridad…
Todos los gobiernos quieren controlar a sus poblaciones. Pueblos sin residencia fija, como zíngaros o calés, nunca fueron bien vistos por la autoridades.
Las ciudades han traído el progreso, pero, ¿hay que despreciar por eso a los otros?. Hasta la aparición de la agricultura, la sedentarización y las ciudades, el ser humano siempre tuvo que desplazarse para conseguir el sustento.
Pero nomadismo no es sinónimo de vagabundeo. Vivir como un NÓMADA no significa dormir bajo las estrellas. La tienda cónica, que aparece en el NEOLÍTICO, la yurta, que existe desde la antigüedad y HERODOTO la describió como vivienda de los escitas, el tipi amerindio que resucitaron los Hippy para recorrer el mundo. Su facilidad de montaje y bajo coste facilitaban la creación de comunas. Roulottes, el auge del turismo verde, los productos bio, el comercio justo y el sueño nómada…
Siguiendo la estela del nomadismo, los utensilios que facilitaban los desplazamientos, la mitología romántica de los orgullosos pueblos trashumantes, las desilusiones «del mayo del 68»,… en la época actual propicia un nomadismo en el corazón de nuestra casa.
¿Cómo explicar, si no, el éxito de los restaurantes japoneses, árabes, turcos y exóticos en general? El nomadismo invade nuestros espacios privados y nuestra vida habitual. Construir una yurta en el jardín, llevar botas esquimales o gorros peruanos, poner una alfombra turca en el salón…
Ya no es preciso viajar para descubrir al otro y su entorno. El desplazamiento se limita a ir a los grandes almacenes a procurarse los objetos deseados. Para satisfacer la necesidad de viajar sin viajar, tomamos, utilizamos y nos apropiamos de los saberes y las técnicas de los auténticos pueblos NÓMADAS con el único objetivo de satisfacer nuestras ansias de consumir.
Y mientras tanto, ante la indiferencia de nuestra sociedad, los auténticos nómadas se ven recluidos dentro de sus territorios o rechazados en nuestras fronteras…
Jierro