No quería reconocer su edad y llevaba la misma vida que cuarenta años atrás… «El cuerpo necesita alegrías», era su lema…
Cambió su aspecto, se pintó el pelo, compró ropa deportiva muy moderna y apuntó en su agenda, todas las fiestas nocturnas y sitios de ligue adonde iba a acudir.
En realidad, quería desquitarse de todo el tiempo en que no podía hacer lo que quería; unas veces por culpa de su trabajo, otras por sus responsabilidades de marido y padre….
Después de varias uniones y separaciones e hijos, su vida había cambiado, tenía responsabilidades económicas que cumplía con sus antiguas familias, pero afectivamente, ahora los lazos que tenía eran sus hijos, que estaban en una edad muy vulnerable y tenía que ayudarles a formarse…
Había roto el molde de lo que era una estructura familiar con los consiguientes condicionamientos sociales y vivía mas satisfecho consigo mismo por actuar de acuerdo con su conciencia y sin dar explicaciones a nadie.
Se apuntó a tantas actividades que tenía una intensa vida social, llegaba a casa cansado pero contento y se acostaba al amanecer… Luego, buscaba en el fin de semana, alguna compañía para alegrarse. Casi siempre, tenía donde escoger, por su porte y su don de palabras, aunque a veces, con la que más le interesaba, solo encontraba su amistad…
Al día siguiente, para desquitarse de los excesos cometidos, se calzaba las zapatillas de deporte y echaba a correr o andar rápido, hasta quedar exhausto. Luego, retomaba sus tareas; sin embargo, no estaba satisfecho; hacía viajes a países lejanos en los que disfrutaba muchísimo, pues era una persona muy abierta a aprender siempre muchas cosas que antes le habían sido negadas.
Pero al llegar a casa, echaba de menos un hogar de verdad, una mano que le acariciara y el afecto incondicional de los amigos de toda la vida… Entonces, pensó en volver a sus antiguas raíces, a vivir en el sitio de donde procedía, a formar parte de la gente de aquel entorno, a tratar de arreglar los problemas comunes y sentirse un miembro más de ese pueblo, que era su familia…
Su pueblo, lo acogió con los brazos abiertos, pues además de tener mucha experiencia, sabía cómo ayudar a la gente… Entonces, se sintió un hombre nuevo y se dio cuenta que la felicidad está dentro de nosotros y el secreto es saber compartirla con los demás…
Jierro
