Desde hace años, los países mediterráneos integrados en la Unión Europea, con España a la cabeza, vienen reclamando un cambio de política forestal que aplican las autoridades de Bruselas. Los bosques del centro y norte de Europa son territorios que habitan pocas especies vegetales en comparación con los bosques mediterráneos que son espacios humanizados, en los que crecen un elevadísimo número de especies, muchas de ellas endémicas como la retama y hay que conjugar los múltiples aprovechamientos con la conservación de los recursos que los hacen posible.
Los terrenos forestales de España, Portugal, Grecia, Italia o el sureste de Francia están sometidos a unas condiciones climáticas distintas. Las sequías que azotan estos territorios, unidas a los incendios complican aún más la conservación de este patrimonio… El fantasma de la erosión está también presente en muchos territorios.
Andalucía alberga algunas de las mejores muestras de bosques y matorrales mediterráneos que se conservan en todo el continente: los encinares y alcornocales, en una región amenazada por la desertización donde la importancia ecológica del monte mediterráneo radica, fundamentalmente, en su papel regulador del ciclo del agua, de la calidad del aire y de los procesos de generación y conservación de suelos.
El abandono de dehesas y castañares en los que han dejado de aplicarse técnicas y manejos tradicionales del bosque mediterráneo, provoca el envejecimiento de estos espacios forestales, que terminan siendo ocupados por un denso matorral, aumentando así el riesgo de incendios. Algo parecido ocurre con los viejos caminos rurales, los cultivos en terrazas o las acequias, cuyo deterioro multiplica la erosión.
Desde el punto de vista de la conservación de los suelos, las comarcas andaluzas que precisan una atención prioritaria son las del ANDARAX en ALMERÍA, LAS ALPUJARRAS granadinas, la cuenca del GUADALHORCE en MÁLAGA y la SIERRA SUR sevillana.
La irregular distribución de las precipitaciones y la abundancia de suelos pobres son circunstancias que se achacan a la Naturaleza pero históricamente, la acción humana ha sido el principal factor de desertización por la pérdida de masas forestales, el sobrepastoreo, la despoblación de zonas rurales o la agricultura intensiva… agravado todo ello por la cantidad de incendios estivales.
Cada uno de nosotros debemos detener la deforestación plantando árboles, reciclando, compartiendo y difundiendo el problema para buscar soluciones…
Jierro