Siguió pasando el tiempo
de aquel amor verdadero,
que se alejó en el camino,
y, aunque seguirá viviendo,
juntos lo destruimos.
Sin embargo, la renuncia,
no llegó a su destino,
la huída, fue el precio,
de aquellos finos hilos,
sin adioses ni lágrimas,
sin palabras ni besos,
el amargo desencanto,
buscaba el silencio…
Y lo bello se acaba,
se quedan los sueños,
me pregunto en qué piensas,
cuando las aguas dormitan,
y a la orilla te sientas,
jugando a la suerte,
que nunca comprendo,
de la noche hasta el alba,
lamentando en la herida,
lo que pudo ser nuestro…
Jierro