Ajuar

Ajuar

En los años 20, una novia sin ajuar era impensable. Las costumbres de las casas han cambiado, aunque a veces no nos damos cuenta de que hay cosas que se perdieron para siempre.

La costumbre del «AJUAR» relacionado íntimamente con «el baúl de la abuela» donde se iban guardando todas las prendas confeccionadas a mano que la mujeres preparaban ya desde niñas… desde su ropa, hasta toda la ropa de la casa: manteles, sábanas, paños de cocina, toallas, delantales… y cuando la niña estaba en edad de casamiento, toda la familia ponía su empeño en que fuera preparando su baúl…

En el pueblo de ÁLORA había un taller artesano de bordados en el RINCÓN, al lado del BAR «LA BALITA» y doña Paquita, una mujer soltera, enseñaba el bordado con bastidor…

Acogía doña Paquita a todas las niñas del pueblo que querían aprender a bordar y traían su sillita baja y todos los materiales, ella enseñaba intentando enderezar aquellas torpes puntadas infantiles durante las largas tardes de verano.

Había que seguir el camino de nuestras madres, abuelas y bisabuelas, que estaban orgullosas de haber confeccionado su propio ajuar con prendas dignas de ponerla en alguna exposición con delicadas vainicas, deshilados, festones… de las cuales conservamos algún recuerdo entre pastillitas de jabón, lavanda y naftalina…

La mayoría de las prendas son todas obras de arte con puntadas milimétricas, con diminutos bordados, puntillas de crochet o encajes de bolillos, lo que significa cientos de horas de costura, una actividad antes exclusivamente femenina…

Lo que no lograba explicarme cuando estudiaba Magisterio, era el por qué las niñas teníamos que entregar a la «Sección Femenina» un pequeño ajuar o hatillo para obtener el certificado de haber realizado el «Servicio Social», pues era una obligación para conseguir el título de Magisterio o de Enseñanzas Medias.

En mi generación las charlas entre tías y abuelas era «la niña está a punto de casarse con su novio de toda la vida» y » qué menos» que lleve media docena de sábanas bordadas de la Viuda Tolrá, otras tantas mantelerías, toallas con bodoques y puntillas, así como batas y camisones…

Ya no pasa eso, se está con la persona a quien queremos con o sin ajuar, con boda o sin boda, incluso con niños nacidos antes de la boda…

Hablamos con toda normalidad y sin tapujos de las etapas de la vida, dejando aparte los encajes, los damascos y bordados que no son compatibles con el trabajo y el ritmo de vida actual…

Aunque con todo el primor y el amor… las sábanas heredadas de las abuelas, la mantelería de las grandes ocasiones, etc, etc… las seguiremos guardando como oro en paño en el más íntimo rincón…

Jierro


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