Si miramos hacia atrás veríamos a nuestros antepasados que eran unas personas fuertes y le plantaban cara a la vida, bastándoles unas cuantas cosas y la observación de la Naturaleza, tenían un amplio espíritu de conocimiento.
Ahora somos débiles y enfermizos, nos conformamos con una especialidad cuanto más. Y, sin embargo, seguimos siendo los de siempre: los mismos errores, los mismos trabajos, las mismas pasiones. Y, de vez en cuando, encontramos hilos que nos hacen recobrar perdidas identidades. Un hilo común entre nosotros es el saludo, la palabra «VALE» que significa «pásalo bien», «sé fuerte». Era la fórmula que utilizaban los antiguos romanos para despedirse. Exactamente igual que nosotros…
Como toda manifestación profundamente humana, el saludo hunde sus raíces en el tiempo… El hombre árabe, en general posee quizás uno de los saludos más completos del mundo. Al llevar su mano del corazón a la frente pasando por la boca, nos está ofreciendo lo mejor de su ser: el sentimiento, la palabra y el pensamiento.
Es evidente que nos saludamos o lo hacemos de mala gana cuando nos falta humor. Lo que puedes estar causado por una mala salud. Por eso, cuando nos encontramos bien, tras la caricia de la sonrisa, puerta que da paso al saludo, se extiende un caudal expresivo: el ademán comunicativo, el preludio de la charla…
EL SALUDO es una manifestación en el tiempo, del día, de la noche, los encuentros y las despedidas. Y jamás nos aburrimos de realizar esta expresión vegetativa, un síntoma del sentimiento…
En los saludos predomina la idea de salud corporal, los antiguos romanos empleaban la palabra «¡SALVE!» (buena salud haya), los saludos árabes «SALAM ALEIKUM», hebreo «SHALOM» e hinduista «SHANTI» de una y otra manera significan «la paz sea contigo» y encierran asimismo la idea de salud en el cuerpo.
Rescatemos el saludo: el respeto no cuesta dinero. Hagamos de él una verdadera disculpa para la comunicación humana. No será necesario como «COCODRILO DUNDEE» que con su filosofía de vida iba saludando a todo el mundo, pero no cabe duda que las gentes, en su medio natural, se saludan «SIEMPRE». Podemos recuperar la amistad de un vecino con el que tuvimos un roce, con los compañeros de trabajo, con los que tomamos el tren o el autobús a la misma hora… porque como decía NIETZSCHE…
«¡CUÁNTAS COSAS SON POSIBLES AÚN!»
Jierro