El progreso industrial, que sustituyó la energía animal y la humana por la energía mecánica y después por la nuclear, y que sustituyó la mente humana por la computadora, nos hizo creer que nos encontrábamos a punto de lograr mayor felicidad para el mayor número de personas.
Todo el mundo supuso que el tener más riquezas y comodidades para todos se traduciría en una felicidad sin límites. El mismo KARL MARX ya lo había advertido: «cuanto menos es el individuo, y cuanto menos expresa su vida, tanto más tiene y más enajenada es su vida».
La pasión de tener llega a despreciar la Naturaleza, a tratar de conquistarla, transformarla para nuestros fines hasta el punto de llegar a destruirla… Cada vez son más las personas que se van dando cuenta: de que tener cada vez más no es el camino de la felicidad.
THOREAU decía que «es rico aquel que puede prescindir de la mayor cantidad de cosas». En las sociedades opulentas vivimos claramente infelices: solitarios, angustiados, deprimidos, destructivos… de que cada vez somos menos independientes. Somos engranajes de una máquina burocrática, y nuestros pensamientos, sentimientos y gustos los manipulan los gobiernos, industriales y los medios de comunicación que ellos controlan.
El progreso económico ha seguido limitado a las naciones ricas, y el abismo entre los países ricos y pobres se agranda. El progreso técnico ha creado peligros ecológicos y de guerra nuclear; ambos pueden terminar con la civilización, y quizás con toda la vida.
La exigencia de un cambio radical en la actitud humana está relacionada en un cambio en el corazón humano. Estos cambios económicos sólo serán posibles si ocurren cambios fundamentales de los valores y las actitudes del hombre, como una nueva ÉTICA y una NUEVA ACTITUD hacia la NATURALEZA.
¡UNA NUEVA SOCIEDAD ES POSIBLE!
Jierro