Leyenda de amor y celos
en Álora musulmana,
entre un bravo capitán
y una morita cristiana.
Algunos meses después,
de en la villa haber entrado
las tropas conquistadoras
que mandaba don Fernando.
Una mujer a la plaza,
hace días que ha llegado,
su cara, como Azucena
y su talle como nardo.
Ser de alta cuna aparenta,
ya que junto con su madre,
habita la bella quinta
llamada «LA CASA GRANDE».
Bernardo que la conoce,
prendado queda por ella,
¡ni en «EL EDÉN MUSULMÁN»
existe una hurí tan bella!
Pero sus labios de rosa
han dicho a su enamorado:
«¡NO ME PIDAS QUE TE CUENTE
UN SECRETO QUE HE JURADO!».
Una sombra que en la noche,
cautelosamente avanza
en «LA CASA GRANDE» entra
y a su moradora abraza.
Por el corazón del joven
corren negros nubarrones:
«¡ODIO Y MUERTE A ÉL LE GRITAN,
PARA EXTERMINAR TRAICIONES!».
Sobre aquel hombre descarga
su bien afilado acero,
volviéndose hacia ella
con gesto agresivo y fiero.
Pero aún puede escuchar
antes y darle martirio
«¡BERNARDO! ¡TÚ TE EQUIVOCAS!
¡YO SOY PURA COMO UN LIRIO!».
Su cuerpo atar a un almendro,
¡penas sus flores secaron!
«¡QUE NADIE ENTIERRE SU CUERPO!»,
él le ordena a sus soldados.
Pero al nacer nueva luna
del monte Hacho ha salido,
un haz de luz y de fuego
que en lirio la ha convertido.
A los dos días de esto,
de Granada ha regresado
su madre con los papeles
que allí había legalizado.
Puesto que su esposo era
un notable musulmán,
que por no caer cautivo
se tenía que ocultar.
Recuerda entonces Bernardo,
la frase que pronunciara
antes de segar su vida
con el filo de la espada.
En lo alto de una Peña,
al lado mismo del lirio,
para tenerlo muy cerca,
su casita ha construido.
Una mañana de junio,
aquel lirio se ha secado,
pues el canto del jilguero,
BERNARDO YA NO HA ESCUCHADO.
Los pajarillos del bosque
por todo el valle llevaron
semillas de blanco lirio
que en los jóvenes sembraron.
J. LAGO
